La campaña de la Declaración de la Renta ha comenzado, con Hacienda obteniendo el 40% de su recaudación a través de impuestos directos, como el IRPF y el Patrimonio. Desde 2018, estos impuestos han aumentado un 56,3%, lo que se traduce en un incremento real del 31,1% una vez ajustados por inflación. En términos absolutos, cada hogar español paga ahora 1.657 euros más, un aumento del 25% en comparación con hace seis años.
El Instituto Juan de Mariana destaca que el esfuerzo fiscal directo ha crecido del 13,6% al 15,9% de la renta bruta disponible. Los años con mayores incrementos fueron 2021 y 2022, coincidiendo con picos de inflación del 3,1% y 8,4% respectivamente. La falta de deflactación del IRPF ha generado una recaudación adicional de 27.600 millones de euros entre 2019 y 2023, afectando desproporcionadamente a las rentas bajas.
Por ejemplo, un trabajador con ingresos brutos de 18.000 euros paga actualmente 980 euros de IRPF, casi tres veces más que en 2018, mientras que aquellos que ganan 75.000 euros han visto su cuota aumentar de 20.243 a 22.697 euros, lo que representa un 12% de incremento. Este fenómeno ha convertido al IRPF en un impuesto regresivo, perjudicando especialmente a los hogares con menores ingresos.