Las naciones del sudeste asiático, con una población de más de 700 millones de personas, están tomando medidas drásticas ante la inminente crisis petrolera provocada por el conflicto en Oriente Próximo. Los gobiernos de Filipinas, Tailandia y Vietnam han implementado políticas como semanas laborales de cuatro días y teletrabajo para mitigar el impacto de la posible escasez de crudo.
La Oficina de la Presidencia filipina ha instado a limitar los viajes oficiales a funciones esenciales para ahorrar energía. De manera similar, Tailandia ha solicitado a las agencias gubernamentales que opten por el trabajo desde casa, mientras que Vietnam promueve el teletrabajo y el uso compartido de vehículos. Indonesia, por su parte, planea incrementar el gasto en subsidios al combustible.
El aumento sostenido de los precios del petróleo podría agravar los déficits presupuestarios de los gobiernos que subvencionan el combustible, además de intensificar las presiones inflacionarias. Economistas advierten que esto podría llevar a los bancos centrales a reconsiderar los recortes de tipos de interés que podrían favorecer el crecimiento.