La cumbre entre Vladimir Putin y Xi Jinping en Pekín se desarrolla en un contexto de creciente tensión geopolítica, marcada por el cierre del estrecho de Ormuz debido al conflicto entre Estados Unidos e Irán. Este evento, que coincide con el 25º aniversario del tratado de amistad entre Rusia y China, es el viaje número 25 de Putin al país asiático, lo que subraya la importancia de la alianza en estos momentos críticos.
En una ceremonia de recepción, Pekín mostró un despliegue significativo con una salva de 21 cañonazos y una banda militar, destacando la cercanía entre los dos líderes. Xi se refirió a Putin como un "viejo amigo", un término que refleja la estima en la que se tiene a Rusia en la política china. Este encuentro es un reflejo del apoyo mutuo entre ambos países en un entorno internacional complicado.
Un punto clave de la reunión es el gasoducto Power of Siberia 2, que, una vez finalizado, podrá transportar hasta 50.000 millones de metros cúbicos de gas al año desde los yacimientos rusos de Yamal a través de Mongolia hacia el norte de China. Ambas naciones han llegado a un "entendimiento general" sobre el proyecto y han firmado un memorando vinculante para avanzar en la construcción, según declaraciones de Yuri Ushakov y Dmitri Peskov.