Este invierno ha sido marcado por intensas precipitaciones, convirtiéndose en el tercer periodo más lluvioso del siglo en España. Los suelos han acumulado una considerable cantidad de agua, lo que se refleja en varios mapas de humedad del país.
Sin embargo, esta situación puede tener repercusiones negativas durante la próxima temporada de incendios, que se extiende desde julio hasta septiembre. Expertos advierten que el aumento de vegetación en primavera, en un clima seco y caluroso como el español, puede resultar en un incremento del material combustible disponible para los fuegos.
La combinación de suelos saturados y temperaturas elevadas podría complicar la gestión de incendios forestales, planteando un desafío significativo para las autoridades y los servicios de emergencia.