En España, el 20% de los internos en las cárceles está empleado, lo que equivale a unos 11.375 reclusos de un total de 55.000. El trabajo penitenciario no solo proporciona ingresos modestos, sino que también puede facilitar la obtención de libertad condicional y ayuda a los presos a adquirir habilidades útiles para su reintegración social.
Los reclusos que trabajan en prisión perciben un salario medio que oscila entre 3,24 y 5,68 euros por hora, alcanzando entre 200 y 300 euros al mes. A pesar de la alta demanda por estos empleos, la remuneración se sitúa por debajo del salario mínimo interprofesional, lo que ha suscitado críticas en torno a la explotación de mano de obra en entornos penitenciarios.
La Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA) ha señalado que hay más internos deseosos de trabajar que ofertas disponibles, lo que evidencia un desajuste en el sistema laboral dentro de las prisiones españolas.