La situación del petróleo ruso se ha vuelto crítica, con cerca de 140 millones de barriles acumulándose en buques, lo que representa un aumento de 60 millones desde finales del verano. Esta acumulación se debe a una combinación de sanciones y cambios en la demanda, que han dejado a Moscú en una posición complicada en el mercado internacional.
A pesar de que Rusia ha mantenido un envío de más de tres millones de barriles diarios, el destino de estos cargamentos se ha vuelto incierto. Especialmente, las exportaciones hacia India han caído a 1,2 millones de barriles diarios en diciembre, el nivel más bajo en más de tres años, coincidiendo con la implementación de nuevas restricciones europeas sobre productos refinados derivados del crudo ruso.
Las refinerías asiáticas están enfrentando un estrechamiento de márgenes, lo que ha reducido su interés por recibir nuevos cargamentos. A medida que se endurecen las restricciones comerciales, el petróleo ruso encuentra más dificultades para encontrar compradores, provocando que un número creciente de embarcaciones permanezca fondeado sin un destino claro.