La nueva cuota de solidaridad comenzará a aplicarse en las nóminas de los trabajadores a partir de enero de 2026, lo que resultará en sueldos más bajos para aquellos que superen los 61.214,4 euros anuales. Este impuesto, que no genera derechos para la jubilación, afectará principalmente a los salarios más altos, mientras que los autónomos quedarán exentos de esta cotización adicional.
La cuota de solidaridad se implementará en tres tramos progresivos, comenzando con un tipo del 1,15% para los ingresos que excedan la base máxima en un 10%, y alcanzando hasta un 1,17% para aquellos que superen la base en más de un 50%. En total, se prevé que esta contribución oscile entre 1,15% y 1,46% durante 2026, subiendo progresivamente hasta alcanzar entre 5,5% y 7% en 2045.
Esta medida busca fortalecer el sistema de pensiones ante el aumento de jubilaciones de la generación del baby boom, que hará necesario un aumento de ingresos para sostener el sistema. La implementación de estas reformas, iniciadas por el exministro de Seguridad Social José Luis Escrivá, se dirige a garantizar la sostenibilidad del sistema a largo plazo.