La crisis actual del petróleo tiene implicaciones significativas para los mercados globales, ya que los precios de combustibles, fertilizantes y otros bienes podrían mantenerse elevados si el conflicto entre Estados Unidos e Irán se prolonga. La duración de este enfrentamiento es clave, ya que un daño considerable a las instalaciones de producción en el Golfo podría intensificar la presión estanflacionaria, afectando las bolsas, los rendimientos de bonos y los diferenciales crediticios a nivel global.
El presidente Donald Trump y Israel están considerando intensificar sus acciones militares, lo que incluye la toma de la isla de Jarg, crucial para el suministro energético iraní. La estrategia podría implicar un aumento en los bombardeos diarios, con el objetivo de debilitar al nuevo liderazgo de Irán. Sin embargo, este enfoque podría estar basado en una interpretación errónea de la situación, ya que se subestimó la capacidad de Irán para resistir y retaliar.
Las repercusiones económicas serán más severas en Asia, donde se enfrenta a un doble impacto de precios y suministro energético. Por otro lado, Europa experimentará un deterioro en sus términos de intercambio, aunque el shock en su suministro energético no será tan agudo como en Asia. En Estados Unidos, a pesar de ser un exportador neto de energía, la inflación se prevé más alta y el crecimiento más bajo, debido a la reducción del gasto de los consumidores en energía.