La evaluación de planes para la construcción de nuevos oleoductos en el Golfo Pérsico está en marcha debido a la creciente preocupación por el control de Irán sobre el Estrecho de Ormuz. Este análisis surge como respuesta a la vulnerabilidad de los países de la región ante posibles interrupciones en el transporte de petróleo y gas.
El oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudí, que se extiende por 1.200 km y transporta 7 millones de barriles de petróleo diarios al puerto de Yanbu, se ha convertido en una infraestructura crucial para evitar el paso por el estrecho. La petrolera estatal saudí, Aramco, liderada por su CEO Amin Nasser, ha señalado que esta ruta es clave en su estrategia actual de exportación.
Riad está considerando aumentar su capacidad de exportación, analizando tanto la ampliación del oleoducto existente como la creación de nuevas rutas. A pesar de que los proyectos anteriores enfrentaron desafíos por sus elevados costes y complejidad, expertos como Maisoon Kafafy del Atlantic Council indican que el entorno en el Golfo ha cambiado, lo que podría facilitar la implementación de una red de corredores en lugar de un solo oleoducto alternativo.