La campaña de producción de aceite de oliva de este año se enfrenta a un descenso significativo, con una estimación de 1.295.000 toneladas, lo que representa una caída del 9% en comparación con el año anterior. Este descenso se debe a las inclemencias meteorológicas que han afectado a la península ibérica, resultando en la pérdida de entre el 35% y el 40% de la aceituna en diversas zonas productoras.
A pesar de las dificultades en la recolección, que se complicaron por las lluvias intensas y el viento, el sector ha logrado recuperar entre el 65% y el 70% del fruto caído. La producción de aceite de oliva en la campaña anterior alcanzó las 1.419.000 toneladas, lo que subraya la magnitud de la reducción actual y el impacto de las condiciones climáticas adversas.
Además, el entorno internacional presenta desafíos adicionales, como el cierre del estrecho de Ormuz, que ha incrementado los costes logísticos y la volatilidad en los mercados. Sin embargo, las organizaciones agrarias han instado a mantener la calma, enfatizando que las proyecciones para este año, incluso bajo un escenario pesimista, rondan los 1,2 millones de toneladas, lo que aún es considerablemente superior a las cifras de años anteriores.