El año 2025 cerró con un consumo de electricidad en España de aproximadamente 450 teravatios, una cifra que refleja un descenso respecto a 2018, a pesar de que el PIB ha aumentado más de un 10% en ese mismo periodo. Este panorama plantea interrogantes sobre la eficiencia del sistema eléctrico, que se enfrenta a una creciente desindustrialización y a problemas de colapso en las redes. La potencia instalada se acerca a 150.000 megavatios, mientras que la demanda ronda los 40.000 megavatios, resultando en precios negativos en el mercado marginalista durante gran parte del día.
A pesar de los beneficios que podría proporcionar un modelo de energía renovable, la falta de infraestructuras estables y la dependencia de sistemas de respaldo están generando costos que alcanzarán varios miles de millones de euros este año. La controversia entre energías renovables y nucleares se intensifica en un contexto marcado por la guerra en Irán, aunque la necesidad de un debate técnico se vuelve cada vez más urgente para evitar futuros apagones, como el que ocurrió hace un año.
En este contexto, los hogares españoles continúan enfrentándose a facturas eléctricas elevadas, afectadas por impuestos y costes del sistema que no reflejan la reducción de precios en el mercado. La situación actual cuestiona la viabilidad financiera de muchas instalaciones de energía renovable, que se ven afectadas por la ineficiencia del sistema y la falta de acceso a la red.