La AIE, el FMI y el Banco Mundial han alertado sobre un impacto significativo y desproporcionado de la guerra en Oriente Próximo, especialmente en países de bajos ingresos. Las instituciones internacionales han enfatizado que este conflicto provoca un aumento de los precios del petróleo, gas y fertilizantes, lo que genera preocupaciones sobre la seguridad alimentaria y la pérdida de empleos.
Durante una reunión celebrada el lunes, los directores de estas entidades, incluyendo a Kristalina Georgieva del FMI, Ajay Banga del Banco Mundial y Fatih Birol de la AIE, abordaron las repercusiones energéticas y económicas derivadas de la situación actual. A esto se añade que algunos productores de energía de la región han visto reducir drásticamente sus ingresos por exportaciones.
El transporte marítimo en el estrecho de Ormuz continúa sin normalizarse, lo que implica que los altos precios y la escasez de materias primas clave podrían persistir durante un periodo prolongado. Las organizaciones han advertido que, incluso cuando se restablezcan los flujos marítimos, el suministro global no volverá a los niveles anteriores al conflicto de forma inmediata.