El precio del petróleo ha alcanzado un máximo de 119,46 dólares el barril, lo que ha generado reacciones significativas en varios países asiáticos. Corea del Sur ha decidido imponer un límite al precio del combustible para mitigar el impacto de la crisis energética, una medida que no se aplicaba desde hace casi 30 años. El presidente surcoreano, Lee Jae Myung, enfatizó la necesidad de proteger la economía nacional, que depende del comercio y las importaciones de energía de Oriente Próximo.
En respuesta a la escalada de precios, Japón está considerando liberar sus reservas de petróleo, dado que importa cerca del 80% de su crudo de la región. El Nikkei 225 sufrió una caída del 7,6% al inicio de la semana, aunque logró recuperarse parcialmente cerrando con una subida del 5,2%.
Asimismo, otros países como Filipinas, Tailandia y Birmania han instado a los funcionarios públicos a reducir el uso del aire acondicionado en sus oficinas. Pakistán, por su parte, ha implementado una semana laboral de cuatro días como parte de sus medidas para afrontar el aumento de costes energéticos.
China, como mayor importador mundial de petróleo y gas natural licuado, sigue maniobrando en el estrecho de Ormuz para asegurar el abastecimiento de sus petroleros, en un contexto de creciente incertidumbre en el mercado energético.