El neurocientífico Luis de Lecea de la Universidad de Stanford ha advertido sobre los efectos negativos de los hábitos de sueño modernos, especialmente durante la temporada de fiestas. La creencia de que se puede recuperar el sueño perdido acumulando horas en el fin de semana es un mito que no se sostiene científicamente.
De Lecea señala que el estrés metabólico asociado a la falta de sueño no se alivia con una siesta prolongada. Este fenómeno no solo se traduce en cansancio, sino que también afecta la consolidación de la memoria y la reparación neuronal. Aunque una larga siesta puede reducir la somnolencia, los indicadores biológicos de inflamación y el rendimiento cognitivo no se recuperan adecuadamente.
Además, el neurocientífico destaca la importancia de la fase de preparación antes de dormir, conocida como el "protocolo de preparación del nido". Este proceso, que también se observa en el reino animal, implica una disminución de la dopamina, esencial para alcanzar un sueño profundo y reparador.