España ha experimentado un verano sin precedentes en 2026, con temperaturas que han sobrepasado los 40 grados y sin un solo día desde el 1 de junio por debajo de la media histórica. En total, el país ha enfrentado tres olas de calor en menos de dos meses, lo que ha llevado a que, según Allianz Trade, se estime que las pérdidas económicas podrían alcanzar los 105.000 millones de euros para el año 2030, representando alrededor del 7% del PIB español. Este aumento de temperatura ha impactado directamente en la productividad laboral, ya que a partir de los 30º C, se ha observado una disminución en el rendimiento, con una caída del 3% por cada grado adicional.
Las consecuencias del calor extremo no son exclusivas de España. Países como Francia, donde EDF ha tenido que reducir la actividad de algunos reactores nucleares debido a la alta temperatura de los ríos, y el Reino Unido, donde Marks & Spencer ha acelerado la modernización de sus sistemas de refrigeración tras averías, también están sufriendo los efectos. En Alemania, por su parte, las temperaturas han afectado tanto a la red ferroviaria como al transporte de mercancías por el Rin. Bélgica y los Países Bajos, tradicionalmente más templados, también han visto alteraciones en sus redes ferroviarias, incapaces de operar en condiciones de calor extremo.
El impacto del estrés térmico en España incluye una reducción en las horas trabajadas, salarios disminuidos y una economía que se prevé crecerá a un ritmo más lento. Se estima que las pérdidas salariales para los trabajadores españoles podrían estar entre 0,7% y 1,3%. Además, el calor extremo ha contribuido a situaciones trágicas, como el incendio de Los Gallardos en Almería, donde se reportaron 13 muertes y la destrucción de aproximadamente 7.000 hectáreas de terreno agrícola y forestal.
La situación actual pone de manifiesto la vulnerabilidad de España frente a fenómenos climáticos extremos, a pesar de la adaptación histórica al calor. La economía, además de verse afectada por la productividad laboral, deberá lidiar con inversiones en infraestructuras que no cumplen con las exigencias del clima actual. Las empresas están siendo forzadas a replantear sus estrategias operativas para mitigar el impacto del calor extremo.
Contexto: En los últimos años, el calentamiento global ha intensificado fenómenos climáticos en toda Europa, llevándola a vivir olas de calor más frecuentes y severas. Las instituciones y empresas están comenzando a tomar conciencia de la necesidad de invertir en infraestructuras más resistentes y adoptar prácticas sostenibles. El impacto de estos cambios no solo afecta la economía, sino también la salud pública y los ecosistemas en general, convirtiendo la adaptación al cambio climático en una prioridad urgente para países como España.