La inteligencia artificial (IA) ha dejado de ser únicamente un motor de crecimiento en los mercados bursátiles. Los inversores ahora también están considerando las posibles pérdidas asociadas a esta tecnología, ampliando sus listas de empresas o sectores que podrían verse afectados negativamente.
Las firmas de inversión están reevaluando sus estrategias y analizando los "riesgos potencialmente bajistas" que la IA podría generar en el mercado en general. Este cambio de enfoque refleja una complejidad creciente en la percepción del impacto de la IA en el entorno financiero.
Con este movimiento, se espera que los analistas y gestores de fondos ajusten sus carteras para mitigar los efectos adversos, teniendo en cuenta no solo las oportunidades, sino también las amenazas que pueden surgir en el contexto de la inteligencia artificial.