Los inversores bajistas se enfrentan a un entorno complicado, al gestionar actualmente unas 30 posiciones cortas frente a solo 10 en largo. Esta estrategia requiere un análisis profundo y un fuerte compromiso financiero, dado que no siempre resulta rentable.
Un ejemplo de la operativa en corto puede verse en Medias Puri, una cadena de mercerías que ha ido cerrando establecimientos tras haber sido muy exitosa en los años 2000. Un inversor que presiente la caída de la compañía podría adquirir una acción a 10 €, prestarla a un tercero con la intención de recomprarla más adelante a un precio inferior. Si el precio baja a 6 €, el bajista puede cerrar la posición con beneficios.
La percepción negativa hacia estos inversores se debe a que a menudo son portadores de malas noticias, lo que contrasta con la tendencia general del mercado a favorecer el aumento de precios. Sin embargo, es esencial contar con voces que adviertan sobre los riesgos en lugar de solo presentar oportunidades, como argumenta el fundador de una firma de inversión en corto en Wall Street.