La búsqueda de una solución diplomática y política se reafirma frente a la escalada del conflicto, rechazando cualquier forma de violencia. Se considera que es un error pensar que las democracias y el respeto mutuo pueden surgir de la destrucción.
Quienes promueven la violencia son acusados de ingenuidad, mientras que quienes abogan por el diálogo y la coherencia son vistos como defensores de una postura valiente y fundamentada. En este contexto, se destaca la importancia de no ser cómplices de acciones perjudiciales para la comunidad internacional.