A pesar de décadas enviando señales al espacio, la humanidad aún no ha recibido respuesta, lo que genera un clima de pesimismo sobre la existencia de vida extraterrestre. Instituciones como SETI han estado dedicadas a analizar el cielo en busca de señales de origen artificial, aunque sin éxito hasta el momento. Sin embargo, la comunidad científica mantiene su optimismo, basado en la estadística más que en avistamientos de ovnis.
El tamaño de la Vía Láctea, que se extiende a lo largo de 100.000 años luz, contrasta con la limitada "burbuja" electromagnética que apenas abarca 100 años luz. Este desajuste da lugar a la paradoja de Fermi, que plantea la pregunta de por qué, si el universo es tan vasto, no hemos encontrado señales de vida. La teoría del Principio de Mediocridad sugiere que, dado que las condiciones que permitieron la vida en la Tierra no son exclusivas, es probable que existan otros mundos habitables en nuestra galaxia.
Investigaciones recientes, como un estudio de 2016 de la Universidad de Cornell, han intentado abordar esta cuestión mediante la ecuación de Drake, que busca calcular la probabilidad de comunicación con civilizaciones extraterrestres. A pesar de la falta de evidencia concreta, la convicción de que no estamos solos en el universo sigue creciendo.