El crecimiento global se sitúa alrededor del 3%, lo que se considera razonable dadas las circunstancias actuales, aunque la complejidad del ciclo económico está en aumento. Los bancos centrales han comenzado a tener más margen para maniobrar, a pesar de que la sensación de vulnerabilidad persiste en el mercado. Según Paolo Zanghieri, economista sénior de Generali Investments, el momento del ciclo no es negativo, pero los riesgos políticos podrían complicar la situación.
En la eurozona, se espera que el crecimiento se mantenga entre 1% y 1,4%, lo que indica que, aunque no es un avance espectacular, se aleja de la recesión. Parte de este impulso proviene de un cambio fiscal en Alemania, aunque Zanghieri advierte que el impacto dependerá de la forma en que se utilicen esos fondos. Si se destinan a infraestructuras, el efecto sobre el crecimiento será más significativo que si se emplean en gasto corriente.
Además, las diferencias en el crecimiento entre Europa y EE.UU. son notables y afectan tanto a la actuación de los bancos centrales como a los mercados financieros. El elevado coste de la energía y la dependencia de China continúan siendo factores estructurales que afectan la competitividad industrial en la región.