En el contexto actual de la economía global, algunos países emergentes han logrado mantener controlados sus niveles de endeudamiento y mejorar sus perfiles crediticios, a pesar de que Estados Unidos enfrenta un notable deterioro en sus cuentas públicas. Este contraste es resaltado por Carlos Carranza, quien gestiona el equipo de deuda de mercados emergentes en M&G. Según Carranza, al analizar estos activos, es fundamental considerar no solo los factores internos de los países emergentes, sino también el entorno global que los rodea.
Entre los riesgos que pueden afectar la evolución de la deuda en estos mercados emergentes, Carranza menciona las presiones inflacionistas impulsadas por el aumento del petróleo y fenómenos climáticos como El Niño. Asimismo, señala la posibilidad de una corrección en los activos relacionados con la inteligencia artificial y los cambios en la política monetaria y fiscal de Estados Unidos.
Un aspecto clave de su análisis es la comparación de la evolución de la deuda pública respecto al PIB. De acuerdo con los datos que maneja M&G, la ratio media de deuda sobre el PIB en los mercados emergentes se redujo del 67% en 2005 al 65% en 2025. En contraste, Estados Unidos experimentó un aumento significativo, pasando del 66% al 122% en el mismo periodo. Esta diferencia subraya una evolución fiscal dispar entre ambas categorías de economías.
La mejora en las calificaciones crediticias de los países emergentes también respalda la perspectiva de Carranza. Durante una presentación en el 20º aniversario del Bond Vigilantes Forum de M&G, se destacó que 51 de los 64 países emergentes estudiados vieron mejoras en sus ratings en los últimos dos años, mientras que solo 11 sufrieron rebajas. Las agencias de calificación consideran varios factores para estas evaluaciones, incluyendo la política fiscal y monetaria, los tipos reales de interés, las cuentas externas y la solidez institucional de cada país.
Además, Carranza enfatiza el papel crítico de los bancos centrales en este contexto. La independencia de estas instituciones y su disposición a aumentar los tipos de interés cuando es necesario, incluso a costa del crecimiento económico, son fundamentales para controlar la inflación. Unos tipos de interés reales más altos no solo contribuyen a la estabilidad de las monedas locales, sino que también refuerzan la capacidad de respuesta de las economías emergentes ante las presiones inflacionistas globales.
Contexto: En los últimos años, la economía global ha enfrentado desafíos significativos, incluyendo la pandemia de COVID-19 y sus efectos en las finanzas públicas de los países, especialmente en Estados Unidos. La gestión de la deuda y la evolución de las políticas fiscales son temas clave para muchos gobiernos, ya que buscan equilibrar el crecimiento con la sostenibilidad fiscal. En España, el impacto de la política monetaria del BCE y la recuperación económica tras la crisis sanitaria son factores que continúan influenciando la estabilidad financiera del país.