La reciente crisis de liquidez ha llevado a muchos gestores a refugiarse en efectivo para evitar pérdidas. En este contexto, se ha observado que aquellos interesados en comprar o vender activos financieros han actuado según sus intenciones, a pesar de la volatilidad del mercado. Este escenario se ha agravado por el cierre del estrecho de Ormuz, lo que ha dificultado el tránsito de barcos petroleros y gasistas hacia Estados Unidos.
Los organismos supervisores han autorizado a pequeños inversores a participar en fondos de capital riesgo, infraestructuras e inmobiliarios, aunque estos no garantizan la liquidez diaria. La falta de opciones para vender, con plazos que pueden extenderse hasta 48 horas, puede generar pánico en momentos de crisis.
La historia reciente muestra que estas dificultades han afectado al mercado inmobiliario en España, donde entidades como Banco Santander y BBVA liquidaron sus fondos tras la crisis del ladrillo, buscando devolver el capital a sus partícipes. En 2024, la gestora estadounidense Blackstone también limitó los rescates de fondos para evitar pérdidas significativas en la venta de activos.
Asimismo, la crisis de Evergrande en China, marcada por una deuda elevada y una sobreproducción de vivienda, ilustra la gravedad de estos problemas. La situación también se ha extendido a los mercados de deuda soberana, evidenciada por la crisis de bonos en Silicon Valley Bank en mayo de 2023, que puso en riesgo a la banca mediana estadounidense.