La precariedad material severa afecta al 10,2% de los hogares con jóvenes de entre 16 y 29 años en España, el porcentaje más alto entre todos los grupos de edad. Este problema es especialmente grave para la generación Z, nacida entre 1997 y 2012, que enfrenta dificultades para cubrir necesidades básicas como alimentación, calefacción o acceso a electrodomésticos.
A pesar de una mejora en la estabilidad del empleo juvenil, los bajos salarios y el aumento de los costes de la vivienda dificultan la emancipación y limitan el consumo. La tasa de carencia material severa en este grupo de edad más que duplica a la de las personas mayores de 65 años, que se sitúa en 4%. Según un informe de Funcas basado en la Encuesta de Condiciones de Vida del INE, la media nacional es del 8,3%.
El impacto de esta precariedad no solo es social, sino también económico, ya que afecta la capacidad de consumo interno. Los jóvenes recortan sus gastos en áreas como tecnología y ocio, lo que repercute en sectores que dependen de la demanda juvenil, que crecen a un ritmo más lento.