El consumo privado en España se enfrenta a un cambio significativo, con previsiones de crecimiento que se sitúan por debajo del 3% para 2026 y 2027, según informes de instituciones como Funcas y el Banco de España. Tras un aumento del 3,4% en el ejercicio anterior, el gasto de los hogares comienza a mostrar signos de agotamiento, afectado por la persistente inflación y la pérdida de poder adquisitivo.
El encarecimiento de la energía y los alimentos, exacerbado por la tensión en el Oriente Próximo, está impactando en el poder adquisitivo de las familias, lo que les obliga a ajustar su nivel de compras. Las predicciones apuntan a que, si la crisis energética se extiende, la inflación podría aumentar drásticamente, lo que frena el crecimiento económico del país.
Históricamente, el consumo final de los hogares ha experimentado altibajos, desde una caída del 5,4% en 2013 debido a la crisis financiera, hasta las contracciones provocadas por la pandemia. Este cambio de ciclo pone en riesgo la posición del consumo como motor del crecimiento nacional.