El sector de la moda enfrenta desafíos significativos, con un cambio en las prioridades de los consumidores que afecta su recuperación tras la pandemia. Según un análisis de Heraldo, la industria todavía está "noqueada" cinco años después de la crisis sanitaria. Las personas han comenzado a priorizar la comodidad sobre la formalidad, lo que ha llevado a una mayor preferencia por prendas informales, como los conocidos Hyggebukser daneses.
Meik Wiking, director del Instituto de Investigación sobre la Felicidad, argumenta que estos pantalones representan un alivio del estrés cotidiano, facilitando una conexión con la felicidad a través de "los placeres simples". Este cambio en la vestimenta refleja una transformación en los hábitos de trabajo, donde la línea entre lo profesional y lo personal se ha vuelto borrosa, como destaca la periodista Amanda Mull.
Antes, cambiarse de ropa al llegar a casa significaba desconectar del trabajo, pero ahora, muchas personas continúan usando la misma vestimenta tanto para trabajar como para actividades domésticas. Este fenómeno ha intensificado la dificultad para separar la vida laboral de la personal, haciendo que el momento de quitarse la ropa de trabajo y cambiar a prendas más cómodas sea más crucial que nunca.