Los documentos recientemente desclasificados sobre el 23-F revelan la creciente tensión en las Fuerzas Armadas antes y después del intento de golpe de Estado. En una carta enviada el 25 de febrero de 1982, el coronel José Faura alertó a los servicios de inteligencia, bajo la dirección de Emilio Alonso Manglano, acerca del deterioro del clima en los cuarteles.
Faura expresaba que las "reuniones masivas" podían ser perjudiciales, sugiriendo que en el ámbito militar, la "línea de mando" era fundamental para mantener el orden. Su misiva concluía advirtiendo que el Ejército de Tierra representaba una de las mayores preocupaciones en ese contexto.