En marzo, Israel llevó a cabo una ofensiva militar contra Hezbolá, centrándose en objetivos financieros en lugar de instalaciones militares tradicionales. Los ataques aéreos iniciales se dirigieron a más de una docena de sucursales de Al-Qard al-Hassan, una entidad financiera que ha sido vinculada a las operaciones del grupo en Líbano. Esta estrategia marcó un cambio significativo en la forma en que Israel y sus aliados buscan debilitar a Hezbolá, enfocándose en su infraestructura económica.
Además de los ataques a los bancos, los aviones israelíes bombardearon casas de cambio utilizadas por Irán para canalizar fondos hacia Hezbolá, así como estaciones de servicio que proporcionaban ingresos al grupo. Con estos bombardeos, el mensaje de Israel era claro: el financiamiento de Hezbolá, y no solo su arsenal militar, era el nuevo objetivo en la campaña para limitar sus recursos.
La ofensiva fue parte de la campaña más intensa hasta la fecha, coordinada entre la administración Trump, el gobierno libanés y otros actores internacionales, que busca asfixiar financieramente a Hezbolá. Durante los meses previos a esta guerra, el gobierno libanés, bajo presión de Washington, intentó bloquear las rutas utilizadas por el grupo para mover y recibir dinero, incluyendo el aeropuerto internacional de Beirut. También hubo un esfuerzo para fortalecer los controles sobre la economía informal del país, que Hezbolá ha explotado durante años.
Según informes de The New York Times, Hezbolá enfrenta su crisis económica más severa en muchos años, algo confirmado por funcionarios libaneses, estadounidenses e israelíes que hablaron bajo anonimato. La información detallada proviene de documentos y entrevistas que revelan la magnitud del desafío financiero que enfrenta la organización en este momento crítico.
La guerra desatada en marzo es la segunda entre Israel y Hezbolá en menos de tres años, lo que refleja el aumento de las tensiones en la región. Este conflicto se sitúa en un contexto más amplio de inestabilidad en Líbano y presiones económicas que han afectado gravemente al país, donde la situación financiera es precaria.
Contexto: La relación entre Israel y Hezbolá ha sido históricamente conflictiva, con múltiples enfrentamientos a lo largo de las últimas décadas. Hezbolá, considerado uno de los grupos militantes más poderosos del mundo, ha mantenido un papel significativo en la política y la economía libanesas. La administración de Joe Biden ha continuado la presión sobre Hezbolá, alineándose con las iniciativas de su predecesor para limitar su capacidad financiera. La situación en Líbano se ha deteriorado en los últimos años, con una crisis económica que ha llevado a un aumento del desempleo y la pobreza, lo que complica aún más la estabilidad en la región.