La tensión entre la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el primer ministro del Consejo Europeo, Antonio Costa, podría comprometer la cohesión de la Unión Europea en áreas críticas como la energía y la defensa. A medida que las divergencias entre ambas instituciones se hacen evidentes, se perciben riesgos en la respuesta ante desafíos globales y en la relación con líderes internacionales, incluyendo a Trump y Putin.
Los debates sobre la energía nuclear y la posible reducción del IVA en la electricidad reflejan la división entre los Estados miembros, con posiciones enfrentadas de naciones como Alemania, Francia y España. En este ambiente, empresas y entidades bancarias europeas demandan menos regulaciones y una mayor integración para mantener su competitividad.
La crítica al apoyo de Von der Leyen a las acciones de Trump en el conflicto de Irán ha generado un clima de desconfianza. Algunos analistas sugieren que el desprecio a España por parte del canciller alemán, Friedrich Merz, anticipa un alineamiento de Von der Leyen con los intereses estadounidenses. Este escenario, junto con las tensiones en Gaza, amenaza los esfuerzos por acelerar la integración europea, que se había visto impulsada por la guerra de Ucrania.