Desde el accidente del 20 de enero, que resultó en la muerte de un maquinista en prácticas, la crisis de Rodalies ha ido en aumento, generando un significativo descontento político. La situación ha llevado a la primera confrontación entre el Gobierno y la Generalitat, quienes habían mantenido una colaboración estrecha hasta ahora.
El Ministerio de Transportes ha comenzado a tomar medidas para mitigar la crisis, incluyendo el cese de varios cargos intermedios. Sin embargo, el caos en el servicio ferroviario en Cataluña añade complejidad a la respuesta del Ejecutivo. Además, la presión ejercida por Esquerra y Junts en el Congreso intensifica los desafíos que enfrenta el Gobierno en este momento crítico.