Durante las últimas tres décadas, la economía estadounidense ha mostrado un crecimiento notablemente superior al de la Eurozona, con un aumento acumulado del PIB estadounidense que supera en un 32% al de la Zona Euro. Este fenómeno se ha visto intensificado por varios factores estructurales, donde el crecimiento de la economía estadounidense ha sido más dinámico, alcanzando un ritmo medio anual del 2,5% frente al 1,9% de la Eurozona hasta la llegada de la pandemia.
Desde 2019, la distancia se ha ampliado aún más, con un diferencial de crecimiento que se ha duplicado a aproximadamente 1,3 puntos anuales, contribuyendo a una brecha de PIB que ya alcanza los 10 puntos. La economía alemana, como una de las principales economías de la Eurozona, ha estado en una fase de estancamiento, con un crecimiento acumulado de solo 0,3% en los últimos seis años, lo que representa la parálisis más prolongada desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
Este estancamiento se debe a la falta de diversificación en la producción y a una demanda interna débil, lo que limita la capacidad de ajuste de Alemania. Se estima que este estancamiento estructural representa cerca del 90% del diferencial de crecimiento anual entre ambas economías. La crisis en sectores clave como la industria del automóvil y la energía ha intensificado aún más la divergencia económica entre Estados Unidos y la Eurozona.