En 2025, se registraron elecciones en 82 países miembros de la ONU, involucrando a cerca de 2.400 millones de votantes. Este fenómeno ha expuesto a una gran cantidad de ciudadanos a un entorno informativo vulnerable, donde la desinformación y la manipulación son cada vez más comunes. La era digital presenta desafíos significativos para el principio de una ciudadanía informada, considerado esencial para el buen funcionamiento de la democracia.
Las plataformas digitales y motores de búsqueda han asumido un papel crucial como intermediarios de información electoral. A través de la personalización algorítmica, crean cámaras de eco que limitan el acceso de los usuarios a nuevas ideas, mostrándoles contenido que refuerza sus creencias existentes. Este fenómeno, conocido como "burbuja de filtros", dificulta el acceso a perspectivas diversas en línea.
Además, el uso creciente de la tecnología en procesos electorales ha facilitado ciberataques que pueden afectar tanto a la infraestructura electoral como a la integridad del contenido. Ejemplos de estos ataques incluyen ataques de denegación de servicio y el uso de ransomware, así como la suplantación de identidades digitales para influir en los votantes.