El debate sobre la financiación de la Generalitat se ha intensificado tras el colapso del sistema de transporte ferroviario en Catalunya. Desde el 9 de enero, cuando María Jesús Montero, ministra de Hacienda, presentó un nuevo modelo de financiación autonómica con ERC, la situación se ha vuelto crítica. La propuesta de sumar 4.700 millones de euros adicionales para Catalunya en 2026 ha generado más preguntas que respuestas, especialmente tras la trágica muerte de un maquinista.
La crisis en Rodalies ha afectado tanto a la esfera política como a la empresarial, con la consellera Sílvia Paneque enfrentando presiones para dimitir. Las expectativas de un acuerdo presupuestario se han desplomado, dejando a los líderes empresariales en una situación incómoda en medio del debate sobre la propuesta de financiación. Este desplome pone de relieve la falta de soluciones efectivas a problemas estructurales que han sido ignorados durante años.
A pesar de las promesas de inversión por parte de diversos presidentes a lo largo de la democracia, la infraestructura en la segunda metrópolis de España sigue en un estado precario. La indignación de los ciudadanos ha aumentado, reflejando un descontento generalizado hacia la gestión estatal, que parece incapaz de abordar las deficiencias crónicas del sistema ferroviario.