La escalada de tensiones en Oriente Próximo afecta significativamente a los mercados globales, con un impacto notable en la energía, las divisas y la renta variable. En este contexto, Julius Baer describe la situación actual como una "fase de niebla de guerra", caracterizada por información incompleta y decisiones de inversión fundamentadas en probabilidades. Esta incertidumbre ha evidenciado la necesidad de una diversificación estructural en las carteras de inversión.
Según Miguel Ángel García, director de Inversiones en Diaphanum, el aumento de los precios de la energía está reduciendo el crecimiento económico y elevando la inflación, lo que a su vez genera preocupaciones sobre las posibles acciones de gobiernos y bancos centrales. Como resultado, la volatilidad en los mercados ha aumentado, lo que puede llevar a pérdidas en carteras de inversión más agresivas, a pesar de un inicio de año favorable.
Por su parte, José Manuel España, director de Banca Privada y Gestión de Activos de NTT Data, subraya la importancia de combinar activos cotizados y alternativos para hacer frente a esta volatilidad. Esta estrategia se considera una ventaja en comparación con enfoques más reactivos y puramente indexados. En el ámbito del petróleo, Julius Baer anticipa un repunte temporal debido a que el mercado cuenta con mecanismos que mitigan el riesgo de una crisis energética prolongada.