En 2024, la demanda de oro alcanzó un récord histórico de 4.974 toneladas, impulsada por su uso como activo de inversión refugio y bien de lujo. Este metal precioso ha mantenido su relevancia en el sistema financiero, adaptándose a lo largo del tiempo desde ser moneda de cambio hasta convertirse en un activo clave en las carteras de los inversores, incluidos los bancos centrales.
Según el World Gold Council, desde el inicio de la minería, se han extraído aproximadamente 209.000 toneladas de oro, el cual no se consume ni se deteriora, lo que significa que continúa en circulación. La oferta proviene principalmente de la minería, que representa alrededor del 75%, y del reciclaje, que aporta el 25% restante. La producción minera ha crecido un 2% anual en las últimas dos décadas, aunque la oferta se considera inelástica a corto plazo, lo que puede provocar fluctuaciones significativas en los precios ante cambios en la demanda.
El mercado del oro, aunque relativamente pequeño y líquido, se ve afectado por la sensibilidad de la oferta a los cambios en la demanda, lo que hace que el precio actúe como el “árbitro definitivo” en este sector.