Las grandes empresas tecnológicas están intensificando sus inversiones en infraestructura de inteligencia artificial, con proyecciones que indican un gasto conjunto de hasta 670.000 millones de dólares para 2026 por parte de Meta, Amazon, Microsoft y Alphabet (Google). Este capital se destinará a la construcción y expansión de centros de datos, así como a hardware necesario para soportar el crecimiento de la capacidad de cómputo.
Si bien algunos analistas advierten sobre un posible exceso de entusiasmo en el sector, la realidad es que las cifras de inversión son cada vez más significativas. Estas cantidades no solo reflejan una tendencia, sino que marcan un cambio hacia un enfoque en las consecuencias económicas tangibles de tales desembolsos. Este cambio de paradigma se aleja de simplemente medir el dinero invertido hacia una evaluación más profunda basada en el producto interior bruto (PIB) como referencia.
La carrera por dominar el campo de la inteligencia artificial está en marcha, y las inversiones actuales son un indicador claro del compromiso de estas empresas hacia el futuro. La magnitud de estos esfuerzos redefine el impacto económico de la tecnología en la economía estadounidense y plantea interrogantes sobre su sostenibilidad a largo plazo.