El crecimiento de las donaciones de vivienda entre padres e hijos ha superado el 23% en los últimos cinco años, reflejando la creciente dificultad del acceso a la vivienda para las nuevas generaciones. Este fenómeno está vinculado a la disparidad entre los precios de las viviendas y los salarios, lo que ha llevado a muchos a recurrir a la ayuda familiar en forma de donaciones.
Las comunidades autónomas en España aplican un tipo específico del Impuesto de Sucesiones y Donaciones, que grava los bienes donados o heredados. Este impuesto se calcula sumando el valor de los activos, como acciones y bonos, al resto del patrimonio heredado para determinar la base imponible.
En el caso de las herencias, el valor de las acciones se determina en la fecha de fallecimiento del legatario, mientras que las donaciones se valoran según el precio pagado por el donante. Esto significa que el receptor de la donación podría enfrentarse a una plusvalía significativa al vender esos activos, lo que no ocurre con las herencias, donde se aplica la conocida plusvalía del muerto.
La reforma fiscal que se implementó el 1 de enero de 2023 ha introducido cambios en la tributación de estas transacciones, lo que podría afectar la planificación patrimonial y fiscal de muchas familias en el país.