El mercado de crédito privado ha crecido en popularidad como alternativa a la financiación tradicional, ofreciendo una percepción de estabilidad y menor volatilidad. Sin embargo, un análisis del National Bureau of Economic Research (NBER) revela que los fondos de crédito privado tienen niveles de capitalización significativamente más altos, entre el 65% y el 80% de sus activos, comparado con aproximadamente el 10% en los bancos.
Esta diferencia de estructura permite que las pérdidas se absorban inicialmente en el capital de los inversores, lo que reduce algunos mecanismos de fragilidad financiera. Además, los fondos suelen tener vidas largas, de aproximadamente 10 a 12 años, lo que minimiza el riesgo de desajuste de plazos entre activos y pasivos. Esto contribuye a que, en teoría, el crédito privado no reproduzca las dinámicas de inestabilidad del sistema bancario.
No obstante, el riesgo persiste, ya que el segmento de mid-market y empresas fuera de mercados sindicados sigue siendo vulnerable a ciclos económicos. Recientemente, se han observado señales de tensión, como el mayor uso de estructuras de pago que permiten diferir el abono de intereses, lo que indica una adaptación a un entorno más desafiante.