La presión ejercida por el sector de los pubs en el Reino Unido ha llevado al gobierno de Keir Starmer a reconsiderar parcialmente un aumento de impuestos propuesto en el último presupuesto. Los pubs, que venden aproximadamente 9.000 millones de pintas al año, han organizado un boicot contra los políticos laboristas, exigiendo un cambio en las políticas fiscales que afectan su actividad.
Este movimiento, impulsado por el propietario del Old Thatch en Dorset, ha ganado tracción a través de una campaña que ha contado con el respaldo de numerosos establecimientos y la cobertura del The Daily Telegraph. En lugares como el Marsh Inn de Leeds y el New George de Kirkstall, se pueden ver pegatinas que prohiben la entrada a los políticos del Labour.
El gobierno ha respondido con un paquete de ayudas de 350 millones de euros, aunque los propietarios de pubs consideran que esta cantidad es insuficiente. En el último año, la industria ha visto el cierre de 380 pubs, lo que refleja las dificultades que enfrenta un sector que ya lidia con la disminución del consumo de alcohol y el aumento de la competencia y los precios.