La difícil relación entre la imposición fiscal y la estabilidad social ha sido un tema recurrente a lo largo de la historia. Jean-Baptiste Colbert, quien fue ministro de Hacienda en la corte de Luis XIV, describió la recaudación de impuestos como el acto de desplumar un ganso, enfatizando la necesidad de maximizar los ingresos con la menor oposición posible. Este dilema se ha manifestado en diferentes contextos históricos, incluyendo la crisis financiera que enfrentó la East India Company en el siglo XVIII.
La compañía, que había anexado gradualmente la India, se vio obligada a solicitar asistencia financiera a la Corona británica tras la hambruna de Bengala de 1770, que afectó gravemente sus ingresos. Como respuesta, el Parlamento británico aprobó el Tea Act de 1773, permitiendo a la compañía vender té de manera monopolística en las colonias americanas. Este acto, junto con los aumentos de impuestos previos, desató la revuelta de los colonos, que clamaban "No taxation without representation", lo que contribuyó a la independencia de los Estados Unidos.
Francia, por su parte, se propuso recuperar influencia tras la pérdida de Quebec tras la guerra de los Siete Años. Para ello, decidió apoyar la guerra de Independencia estadounidense, incurriendo en gastos militares significativos, una acción que también contó con el respaldo de España. Esta serie de acontecimientos ilustra cómo las decisiones fiscales pueden tener repercusiones globales en la historia.