El gobierno de Alemania ha propuesto un nuevo impuesto a las bebidas azucaradas, que podría generar ingresos de hasta 450 millones de euros anuales, destinados a inversiones en el sistema de salud. Esta medida, que se implementará a partir de 2028, ha reavivado el debate sobre la intervención estatal en cuestiones alimentarias, en un contexto donde más de 100 países ya aplican impuestos similares.
El proyecto de ley aún no detalla los aspectos específicos del impuesto, pero se barajan diferentes tasas según el contenido de azúcar: las bebidas con menos de 5 gramos de azúcar por cada 100 ml estarían exentas, mientras que las que contengan entre 5 y 8 gramos pagarían 26 céntimos por litro, y las que superen los 8 gramos incurrirían en 32 céntimos por litro.
La ministra de Salud, Nina Warken, apoya la iniciativa, aunque algunos miembros de su partido expresan preocupaciones sobre la percepción de un gobierno paternalista. Por su parte, médicos y nutricionistas argumentan que la implementación de este impuesto podría reducir el consumo de bebidas azucaradas y, por ende, ayudar a combatir problemas de obesidad y enfermedades relacionadas.