La implementación de la IA en las finanzas se enfrenta a una creciente presión para demostrar resultados tangibles, ya que las expectativas de retorno de inversión (ROI) no se están cumpliendo. Un análisis de Boston Consulting Group (BCG) revela que el ROI medio de los proyectos de IA en este sector se sitúa en alrededor del 10%, mientras que muchas empresas aspiraban a superar el 20%. Esto ha llevado a que aproximadamente un tercio de los directores financieros reporten escaso valor añadido de estas iniciativas.
La inestabilidad del mercado y las exigencias regulatorias han intensificado los desafíos para las empresas, convirtiendo la mera experimentación en un riesgo significativo. Para los CFO, esto implica establecer una gobernanza clara en las inversiones en IA, con criterios de éxito medibles y revisiones del ROI de manera regular. La planificación se transforma en una herramienta ágil, ya que la IA permite analizar grandes volúmenes de datos rápidamente, facilitando la detección de tendencias del mercado y fluctuaciones de cambio.
Un estudio de PwC indica que el uso de la IA en la planificación financiera puede mejorar la precisión y la velocidad de las previsiones en hasta un 40%. Esto permite que los procesos de planificación evolucionen de un enfoque retrospectivo a uno más dinámico y adaptativo, esencial en un entorno económico volátil.