La reactivación de uno de los reactores de la central nuclear de Kashiwazaki-Kariwa en Japón, la mayor del mundo en términos de capacidad, representa un cambio significativo en la política energética del país. Este reactor había estado inoperativo durante 13 años tras el desastre de Fukushima, y su reapertura se produce a pesar de las preocupaciones expresadas por la comunidad local.
Este movimiento busca fortalecer la estrategia de Japón para asegurar su suministro eléctrico. La decisión es un indicativo de la dirección que toma el país en la gestión de su energía, marcando un hito en la recuperación de su infraestructura nuclear.