La inversión en inteligencia artificial está experimentando un crecimiento sin precedentes, superando los 800.000 millones de dólares en 2026 y proyectándose para alcanzar el billón de dólares en 2027. Este cambio se está viendo impulsado por la creciente necesidad de infraestructura tangible, como semiconductores, redes eléctricas y enormes cantidades de energía, a medida que los modelos de inteligencia artificial se vuelven más sofisticados. Este desarrollo contrasta con la visión inicial de la economía digital, que prometía operar sin grandes activos físicos.
Las empresas tecnológicas han comenzado a competir no solo por talento y algoritmos, sino también por servidores y componentes críticos. De hecho, en Estados Unidos, la inversión en centros de datos ha superado a la destinada a oficinas, alcanzando 49.000 millones de dólares en el último trimestre, en comparación con 46.000 millones de dólares para oficinas. Esto refleja un cambio significativo en las prioridades de inversión dentro del sector tecnológico.
La forma de financiar este crecimiento también está evolucionando. Los proveedores de servicios en la nube, tradicionalmente respaldados por sus altos beneficios, ahora están asumiendo un papel más importante como emisores de deuda, representando el 20% de las emisiones de bonos con grado de inversión en Estados Unidos. Esto indica que el riesgo asociado a la inteligencia artificial se ha trasladado a los balances y al mercado de crédito, donde la rentabilidad futura de los proyectos es solo una parte del panorama.
Un caso notable es el de Meta, que a pesar de un aumento del 26% en sus ingresos, ha visto su flujo de caja libre trimestral caer a terreno negativo por primera vez desde 2013, debido a sus elevados gastos de capital. La empresa también ha propuesto la creación de una nueva clase de acciones sin derecho a voto, lo que podría facilitar futuras captaciones de capital sin diluir el control de su fundador. En este contexto, la presión para avanzar en inteligencia artificial es tan intensa que la posibilidad de endeudarse o ampliar capital se percibe como un riesgo menor.
A medida que el uso empresarial de modelos de inteligencia artificial sigue en aumento y el consumo de tokens alcanza nuevos máximos, no se observan señales de sobreoferta en la capacidad computacional. Sin embargo, existe incertidumbre sobre la valoración de los proveedores de modelos. Por ejemplo, la última ronda de financiación privada ha reducido la valoración de OpenAI de 1,4 billones de dólares a 1,25 billones de dólares, lo que resalta la vulnerabilidad financiera de algunos actores en el mercado.
Contexto: La creciente inversión en inteligencia artificial es un reflejo de la evolución del sector tecnológico, donde empresas como Meta y OpenAI están redefiniendo el panorama. En España, la economía digital sigue desarrollándose, con un enfoque en la innovación y la digitalización, impulsando un crecimiento en sectores como el tecnológico. La necesidad de infraestructura para soportar este crecimiento es crítica, especialmente en un contexto donde la transición hacia una economía más digital está en marcha.