La llegada de inmigrantes ha contrarrestado aproximadamente el 60% del impacto negativo que el envejecimiento de la población habría causado en la economía española durante las últimas dos décadas. Un informe de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) destaca que, aunque este flujo migratorio ha rejuvenecido la fuerza laboral y sostenido el empleo, no es suficiente para detener el deterioro del nivel de vida sin mejoras en la productividad.
Sin la inmigración, la población en España se vería drásticamente reducida, lo que llevaría a una tasa de dependencia insostenible para el Estado del bienestar. El estudio, titulado Inmigración, Envejecimiento y Dividendo Demográfico, subraya la necesidad de políticas que fomenten la integración laboral y la productividad, ya que simplemente aumentar el número de trabajadores no garantiza un crecimiento sostenido.
Los investigadores advierten que, a pesar de que los inmigrantes cubren muchos puestos de trabajo vacantes, no revertirán la tendencia negativa en la renta per cápita de un país con baja productividad y una población en envejecimiento continuo. La conclusión es clara: el flujo migratorio es esencial, pero no es una solución suficiente por sí solo para asegurar el nivel de vida en el futuro.