La economía de Venezuela se enfrenta a uno de los colapsos más severos de su historia reciente, tras más de 26 años de régimen chavista. En el pasado, el país disfrutaba de una posición privilegiada como potencia petrolera y con un capital humano destacado en América Latina. Sin embargo, la combinación de mala gestión, dependencia de los recursos naturales y un sistema político autocrático ha llevado a su actual situación de crisis económica y social.
Desde la llegada de Hugo Chávez al poder en 1999, se prometieron reformas que nunca se implementaron. Aunque el nuevo gobierno contaba con ventajas como un bajo nivel de deuda y acceso a mercados internacionales, la reconfiguración institucional que se llevó a cabo facilitó la concentración de poder en el Ejecutivo. Esto resultó en una disminución de la seguridad jurídica, afectando negativamente a los mercados y a la inversión.
El deterioro de la calidad institucional ha sido un factor crítico en la disminución del crecimiento a largo plazo, contribuyendo a la alta desigualdad y la corrupción que caracterizan a la economía actual. La falta de reformas estructurales ha impedido que Venezuela recupere su potencial productivo, que alguna vez fue notable en la región.