El Gobierno de Estados Unidos, bajo la presidencia de Donald Trump, ha implementado nuevos aranceles que oscilan entre el 10% y el 12,5% sobre importaciones de 60 países. Esta decisión, anunciada en la madrugada del jueves, se basa en una investigación sobre “esfuerzos insuficientes para combatir el trabajo forzoso”, afectando el 99,4% del valor total de las importaciones estadounidenses. Esta medida se produce justo después de la caducidad de los derechos de aduana provisionales del 10%, que habían estado en vigor anteriormente.
Las investigaciones sobre abusos laborales, que son la base de esta decisión, están centradas principalmente en Myanmar, China y Corea del Norte, y no incluyen a los países que han sido objeto de los nuevos aranceles. Jamieson Greer, representante de Comercio de EE. UU., defendió la medida, afirmando que Estados Unidos ha mantenido una prohibición de importaciones relacionadas con el trabajo forzoso durante casi un siglo, instando a sus socios comerciales a adoptar medidas similares.
La inclusión de la Unión Europea en esta lista ha generado sorpresa, dado que sus normativas laborales son consideradas algunas de las más estrictas a nivel mundial. La UE ha indicado que aún no ha implementado el marco regulatorio que prohíbe la venta o exportación de productos fabricados bajo estas condiciones abusivas, el cual está programado para entrar en vigor en diciembre de 2027. La representante de Política Exterior de la UE, Kaja Kallas, ha calificado las motivaciones de EE. UU. como “sin fundamento”.
Los nuevos aranceles incluyen un impuesto global del 10% para productos de la Unión Europea, pero también restablecen exenciones para artículos como el corcho y los diamantes, además de mantener las exenciones existentes para aeronaves y medicamentos genéricos y sus compuestos. Olof Gill, portavoz comunitario, se ha mostrado conciliador, calificando la política arancelaria de EE. UU. como “un impulso positivo” para explorar nuevas formas de colaboración.
Este cambio en la política comercial de EE. UU. se produce en un contexto de tensiones comerciales crecientes, donde la OIT y las Naciones Unidas están cada vez más centradas en la lucha contra el trabajo forzoso. Las reacciones en Europa han sido cautelosas, con la esperanza de que el marco comercial existente entre EE. UU. y la UE no se vea afectado de manera significativa por estas nuevas medidas.
Contexto: En los últimos años, las relaciones comerciales entre EE. UU. y la Unión Europea han estado marcadas por la incertidumbre debido a las políticas proteccionistas de la administración Trump. La UE ha estado trabajando en actualizar su marco regulatorio para abordar prácticas laborales abusivas, lo que se espera que impulse un comercio más justo. La implementación de este nuevo arancel podría complicar aún más el panorama comercial, afectando a empresas y sectores clave en España que dependen del comercio internacional.