En un análisis de los últimos avances tecnológicos, se ha señalado que cuatro materias primas han sido fundamentales: internet, teléfonos móviles, redes sociales e inteligencia artificial (IA). Estas innovaciones se han entrelazado, donde cada fase posterior depende de las anteriores. Sin la infraestructura de la red, los smartphones no existirían, ni plataformas como TikTok o Instagram habrían llegado a popularizarse. La IA, por su parte, ha proliferado gracias al acceso a grandes volúmenes de datos y ha comenzado a interactuar en diversos entornos, incluyendo oficinas y hogares.
Sin embargo, esta evolución ha generado preocupaciones en torno a la relación entre la tecnología y sus usuarios. El teléfono, a menudo mal denominado como inteligente, ha sido objeto de críticas, muchas de ellas válidas, aunque también es cierto que existe una parte de responsabilidad humana en el uso que se les da. La adicción a las redes sociales, impulsada por algoritmos diseñados para captar la atención, ha tenido efectos negativos en la sociedad.
En el inicio del siglo XXI, dispositivos como el iPhone o el Galaxy prometían mantener conexiones sin importar distancias o zonas horarias, al igual que plataformas como Facebook ofrecían un medio para que las familias separadas se mantuvieran en contacto. Sin embargo, hoy en día, hay consenso en que estas tecnologías han alterado aspectos esenciales de nuestras vidas.
La llegada de la IA presenta retos aún mayores. Chloe Lubinski, de Anthropic, explica que al tratarse de "comprar inteligencia", se crea una brecha entre quienes pueden permitírselo y quienes no. Además, la externalización de tareas a máquinas podría tener un impacto perjudicial a largo plazo en diversas categorías de usuarios, desde organizaciones hasta individuos que buscan información.
Las voces autorizadas, incluyendo a figuras como Geoffrey Hinton, Elon Musk y Bill Gates, han expresado su preocupación por cómo la IA podría desestabilizar los mercados laborales. Existe el temor de que la automatización provoque una escasez de empleos, lo que generaría una pobreza a gran escala. Sin trabajadores que tengan ingresos para gastar, se plantea la pregunta de quién consumirá los productos y servicios que son vitales para la economía.
Contexto: La discusión sobre el impacto de la tecnología en la economía no es nueva. En años recientes, hemos visto cómo la digitalización ha transformado sectores enteros, desde la industria hasta los servicios. La BCE y otros organismos han comenzado a abordar los desafíos que plantea la automatización y el futuro del trabajo. En este marco, la inteligencia artificial se perfila como un fenómeno que podría redefinir la dinámica laboral y económica en España, donde la transición hacia un entorno más digitalizado sigue avanzando rápidamente.