El presidente ruso, Vladimir Putin, ha intensificado las medidas de seguridad en respuesta a los crecientes temores de un posible asesinato, especialmente ante la amenaza de ataques con drones por parte de Ucrania. Desde marzo, la preocupación ha aumentado notablemente, lo que ha llevado a Putin a pasar más tiempo en búnkeres subterráneos y a reducir sus apariciones públicas.
El Servicio Federal de Protección (FSO) de Rusia, encargado de la seguridad de altos funcionarios, ha implementado controles más rigurosos para aquellos que se reúnen con el presidente. Además, Putin ha dejado de visitar sus residencias en la región de Moscú y en Valdai, eludiendo reuniones en persona.
La situación se agrava tras el impacto de la anterior Operación Telaraña de Ucrania, que vio drones atacar aeródromos rusos. El clima de seguridad se ha visto intensificado también por eventos internacionales, como la detención del líder venezolano Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos a principios de año, lo que ha incrementado las tensiones en el Kremlin.