El 18 de enero, un grave accidente ferroviario tuvo lugar cerca de Adamuz, en Córdoba, cuando un tren Iryo que viajaba de Málaga a Madrid descarriló y fue impactado por un tren Alvia. Este suceso ha dejado un trágico saldo de 39 fallecidos, 173 heridos leves y 73 heridos hospitalizados, según informes de los servicios de emergencia.
Este incidente ha reavivado el debate sobre la seguridad en el transporte ferroviario, especialmente la ausencia de cinturones de seguridad en los trenes. A diferencia de los vehículos convencionales, la filosofía de seguridad en ferrocarriles se centra en evitar accidentes mediante diversos sistemas de señalización y control de velocidad. En caso de colisiones o descarrilamientos, los trenes de alta velocidad están equipados con tecnologías diseñadas para mitigar el impacto en el interior de la cabina.
Las características de seguridad incluyen zonas deformables y cabinas que absorben la fuerza del choque. Además, la naturaleza pesada de estos trenes permite que su sistema de frenado de emergencia reduzca la aceleración a menos de 1 m/s², lo que disminuye el riesgo de lesiones durante un incidente. La gestión de la seguridad ferroviaria sigue siendo un tema crítico tras esta tragedia.