La postura del Gobierno español sobre el conflicto en Irán se centra en el firme rechazo a la guerra, como ha declarado Pedro Sánchez, presidente del Gobierno. En respuesta a Donald Trump, líder de Estados Unidos, Sánchez enfatizó que España no se convertirá en "cómplice" de la violación de la legalidad internacional por temor a posibles "represalias" de Washington.
Este mensaje subraya la intención de España de mantener una posición clara y ética en asuntos internacionales, desmarcándose de presiones externas. La declaración de Sánchez se produce en un contexto de creciente tensión global y refleja el compromiso del país con la paz y la legalidad.